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¿POR QUÉ HACER TERAPIA?

A fin de facilitar la respuesta al lector, podría comenzar mencionando los innumerables beneficios que surgen a partir de la sabia decisión de comenzar terapia. Pero estos beneficios, a los que me referiré más adelante, que por cierto muchos de ustedes ya conocen o al menos han sentido nombrar, no considero que aludan a la esencia de la pregunta, puesto que sin efectuar un análisis pormenorizado, vemos que la pregunta en cuestión encuentra su respuesta en la deducción lógica de sí misma. Es decir, suponemos que comenzaríamos terapia porque necesitamos ayuda, buscamos ayuda porque sentimos que no podemos resolver, cualquiera sea la problemática en curso, por medios propios. Pero entonces, si la respuesta parece tan obvia, surge así un nuevo interrogante. Teniendo en claro que efectivamente necesitamos ayuda, y también tenemos idea de los potenciales beneficios que un análisis nos aportaría, deberíamos preguntarnos: ¿qué es lo que nos distancia del diván? O mejor aún: ¿por qué resistimos el ser “analizados”? A modo de juego de palabras les ofrezco la siguiente frase: La respuesta a esta última pregunta se puede descubrir en el contexto del análisis. Pero entiendo que, si bien el anterior enunciado es certeramente válido, no sirve de mucho, pues todavía no hemos podido emprender la experiencia del análisis.

Retomemos brevemente un concepto expresado anteriormente. Sabemos que necesitamos ayuda. Sospechamos que esta debe venir de un profesional, puesto que ya hemos comprobado una y mil veces que, si bien nuestro mejor amigo/a, tiene la intención y voluntad de ayudarnos, no está disponible siempre que lo necesitamos (tampoco el analista), pero concretamente tenemos la certeza de que el profesional no sólo está capacitado, sino que está desprovisto de todo preconcepto y/o prejuicio que cualquier allegado a nosotros pueda tener, ya sea amigo o familiar. También somos conscientes de que, en muchas ocasiones, nuestros amigos o familiares nos dirán aquello que mejor suene a nuestros oídos en cada contexto, y que si bien esto podría resultar en un alivio momentáneo, caducará con el tiempo sin dejar vestigio. Además sabemos que un profesional actuará sobre un juramento de confidencialidad indefectiblemente necesario cuando se trata de lo que más nosotros queremos conservar en el terreno privado, personal y confidencial. Por otro lado, contrariamente a lo buscado o deseado, por la naturaleza misma de la relación, cualquier ayuda que provenga de un ser querido, más allá de la bondad de la intención, se topará con la ineludible realidad de proporcionar a cada frase una cuota de subjetividad individual y percepción personal que nada tiene que ver con la realidad de uno. Es decir, ante un escenario determinado, aquella persona, inevitablemente, opinará sobre como él o ella resolvería tal o cual situación, puesto que entenderá la problemática desde su perspectiva sin poder contextualizarla en nuestro ámbito, nada más alejado de lo que nosotros necesitamos. Por último, poco sabrán nuestros afectos de cómo guiarnos en la búsqueda de aquello que realmente nos proporcione soluciones duraderas. El analista, en lugar de repetir los patrones que el paciente ha encontrado a lo largo de su vida y que lo han llevado a un lugar en el cual la necesidad de apoyo es inminente, ayudará a proporcionar un nuevo sentido, un nuevo saber.

Planteados estos interrogantes, podemos hablar del porque se nos hace tan difícil emprender la experiencia analítica.

Considero que a la vanguardia de aquellos mecanismos que atentan contra la resolución de nuestros conflictos por la vía del análisis está la resistencia al cambio, que en este caso funcionaría como una inercia de la costumbre en lo que lo nuevo, justamente por su condición, es rechazado.

En segundo lugar, ubicaría aquellos miedos que pueden surgir en el marco del desconocimiento que produce la incertidumbre de una situación desconocida, y la idea de vulnerabilidad que se ilustra en cada mente ante la inminencia de ser “inspeccionado”.

Según Freud: “La resistencia es la defensa inconsciente contra la accesibilidad a la conciencia de las experiencias reprimidas, para evitar la ansiedad que de ella se deriva”. Desmenuzando esta idea, podríamos entender que lo que Freud nos intenta decir es que el conocimiento de quién realmente somos, o de lo que hacemos o de porqué lo hacemos, nos generaría un alto nivel de angustia al momento de racionalizarlo en la conciencia. Pero a su vez, esta angustia es evitable en su totalidad si evadimos su origen, o sea, eludiendo el análisis. No obstante paradójicamente, si se desea afrontar ese reto y vencer la resistencia, esa angustia será el precio a pagar para acceder a un posterior estado de bienestar. Aquél que se obtiene ya con un conocimiento de nuestra causa más aproximado, más certero, y en el que se puede elegir y decidir con más lucidez y en estado de esclarecimiento, con todo lo que esto significa.

El verdadero y el más grande de los beneficios del análisis es la posibilidad de conocerse más a uno mismo y de esclarecerse con respecto a lo que uno desea para poder elegir responsablemente el destino de cada uno. Para llegar a este punto habremos de haber transitado diferentes momentos, entre los que se incluyen angustias y padecimientos, como así también resoluciones de conflictos y demás síntomas.

¿Es apropiado el análisis para mí?

Como regla general, podemos pensar que un tratamiento psicoterapéutico mejora nuestra calidad de vida independientemente del estado de enfermedad mental, malestar o gravedad del trastorno que el paciente ostente al momento de iniciarlo. Cualquiera sea la fase u origen de la perturbación, el análisis comenzará su elaboración desde ese punto de partida. En este sentido, el análisis es apropiado para cualquier persona que quiera comenzar a reconstruir su bienestar y/o detener el desarrollo de síntomas en cualquier momento de su gestación y de su vida.
Todos los días tengo el privilegio de presenciar cambios significativos en las personas. Cambios que ni el más optimista de los pacientes podría haber imaginado, cambios que ni la persona más escéptica hubiera creído posible para sí mismo, y esos cambios se producen, suceden. Sin embargo, estos ajustes, \"insights\" (según la teoría de la Gestalt) o restructuraciones de ideas, no se dan porque la terapia sea mágica, o porque el terapeuta tenga empatía con el paciente, sino que se dan en el marco de un nuevo campo con perspectivas singulares y radicalmente distinto al que se poseía antes de vivenciar la experiencia analítica. Entre otros beneficios, la riqueza de la terapia consiste en establecer una nueva atmósfera de pensamiento imposible de lograr en otro ambiente que no sea el que crea el encuadre del tratamiento; en el que el sujeto accede a leer su realidad desde un panorama más amplio al que poseía previo al análisis y en el cual los mismos acontecimientos adquieren otros valores gracias a que se consigue un alto grado de reflexión al escucharse a sí mismo y a las intervenciones del terapeuta. Desde esta perspectiva, la afirmación anterior acerca de las personas optimista y escéptica cobra más sentido considerando que, en estos ejemplos, estas personas antes de producir cambios inimaginables para ellos, no gozaban de la oportunidad de descubrir este \"nuevo\" estadio de pensamiento al que nos estamos refiriendo, que no es sino aquél que el marco del tratamiento posibilita. Por lo tanto, difícilmente una persona pueda llegar al punto de efectuar cambios significativos en su estructura mental sin un análisis de por medio.Sólo aquellos que han experimentado los beneficios, cambios y progresos que una experiencia analítica produce, cotidianamente, pueden dar cuenta de las virtudes que proporciona un tratamiento psicoterapéutico.

Implicancias del análisis

Como con cualquier tratamiento de gran transcendencia, hay beneficios y consecuencias asociados con la práctica del psicoanálisis y de la psicoterapia. Algunas de las consecuencias asociadas a dichas prácticas pueden incluir: malestar, sentimientos de tristeza, culpabilidad, ansiedad, enojo, aislamiento, frustración, soledad, desamparo y/o rememoración de algunos de los aspectos desagradables de la historia de cada sujeto. Otros riesgos pueden incluir dificultades a nivel social, como por ejemplo la revelación de información confidencial relativa a la familia y/o amigos. Otros cambios pueden contener un aumento de la sensibilidad a los acontecimientos cotidianos y/o ruptura de algunos lazos sociales. Sin embargo, a pesar de estas posibles consecuencias, ha sido demostrado científicamente que la práctica de la psicoterapia y del psicoanálisis brinda grandes beneficios. Algunos de estos beneficios incluyen: eliminación parcial o total de síntomas depresivos, superación de miedos, manejo de la ira y supresión de síntomas de ansiedad, entre muchos otros. La experiencia analítica conduce también a un mayor conocimiento del entorno de cada individuo, a un mayor dominio de las emociones, a mejorar significativamente las relaciones interpersonales, al fortalecimiento y capitalización de las habilidades propias, a la reconstrucción de la autoestima, al aumento de la confianza y a la mejora en el funcionamiento cotidiano, entre muchos otros aspectos positivos.

SOBRE LA TERAPIA

Psicoterapia
La psicoterapia es un tratamiento de carácter científico y naturaleza psicológica en el que una persona (paciente) puede efectuar cambios significativos en sus conductas, desde modificaciones periódicas del comportamiento hasta cambios estructurales de concepciones y pensamiento que potencialmente conducirán a un incremento en el bienestar psíquico y físico del individuo. La persona facultada para facilitar el cambio (analista) empleará diferentes técnicas y métodos según su formación, entrenamiento y preparación. La psicoterapia promueve y posibilita la integración de la identidad y el bienestar psicológico de los individuos o grupos, tales como la familia o la pareja. En líneas generales, la psicoterapia ayuda a los pacientes a mejorar la calidad vida al posibilitar un mayor control en situaciones donde no lo había, logrando un estado mental de equilibrio y adaptado a la realidad que se quiere enfrentar y/o sobreponer. Muchas de las técnicas de psicoterapia se basan en la premisa de que nuestros pensamientos determinan nuestras emociones, mientras que otras se centran en las emociones mismas.

Psicoanálisis

El psicoanálisis es una teoría científica sobre la naturaleza humana, su motivación, comportamiento, desarrollo y experiencia. Creado por el médico y neurólogo austríaco Sigmund Freud (1856-1939), el psicoanálisis es también un método que tiene como objetivo investigar, describir y tratar las enfermedades mentales y trastornos psicológicos. Como práctica se funda en la creencia del inconsciente y en el análisis de los conflictos inconscientes originados en su mayoría en la infancia. La clínica del psicoanálisis radica en la interpretación de aquellos conflictos. Y en el devenir consciente del material expuesto consistirá el éxito o no de su tratamiento.
El psicoanálisis sostiene que existe cierta cantidad de contenido psíquico, impulsos instintivos, deseos, vivencias, traumas, etc., que son reprimidos y almacenados en el inconsciente. Este material psíquico, causal de angustia para la conciencia, cae bajo el dominio de mecanismos de defensa que harán su cometido y tratarán de mantenerlos inconscientes a fin de evitarnos conflictos en la vida cotidiana. Pero como el inconsciente nunca deja de expresarse, tendremos noticia de este material ininterrumpidamente a lo largo de nuestras vidas a través de sueños, lapsus, chistes y fundamentalmente, síntomas. La gravedad de un síntoma es directamente proporcional al impulso con el que fue reprimido el material que lo produjo. Es decir, que mientras más grave sea el síntoma, más reprimido estará. Y mayor aún será la necesidad de devenirlo consciente, de traerlo a la conciencia para poder saber de él, leer que es lo allí sucede y así poder contener su evolución. Esta es la tarea de un paciente en terapia, y el analista, su guía. La técnica psicoanalítica se basa en la asociación libre. Durante la terapia los pacientes expresan ideas, emociones, pensamientos, imágenes, etc. de acuerdo vengan a su mente, sin restricciones ni regulaciones de ningún tipo. Paciente y terapeuta determinarán lo que, en el contexto de estas expresiones, son conceptos que reflejan material inconsciente digno de análisis. El psicoanálisis sostiene la idea de que las personas no son conscientes de los factores que influyen en sus emociones y comportamientos. Los sujetos por sí mismos no logran identificar los factores desencadenantes de conflictos, puesto que éstos permanecen ocultos y disfrazados en el inconsciente. Por otra parte, los consejos de amigos y familiares, la lectura de libros de autoayuda, o incluso los esfuerzos más decididos a menudo no proporcionan ni suficiente alivio ni soluciones perdurables al desarrollo de estos factores desencadenantes. El tratamiento psicoanalítico explora cómo estos factores inconscientes pueden afectar las relaciones, los patrones de pensamiento, emociones y de comportamiento.
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